A pesar de la magnífica exhibición de poder y magnificencia desprendidos en el desfile, no fueron todas las almas acalladas. Curiosamente el confiado rey tenía a su máximo detractor dentro su propia casa o, mejor dicho, palacio.
El Exquisito Gourmet, un hombre pragmático e inteligente donde los haya, se postulaba a favor de un gobierno democrático que rigiera los destinos de Kinsaba. La situación era verdaderamente embarazosa; tanto, que cada vez que el indiscreto restaurador osaba mentar públicamente la palabra “democracia”, al Atento Servidor se le avinagraba el semblante, y le salían urticarias por el cuello y las posaderas.
El problema radicaba en que el rebelde cocinero gozaba de algún prestigio entre los ciudadanos, y además era un personaje realmente conocido y respetado, cualidades estas últimas que inquietaban especialmente al precavido chambelán. Ya nadie recordaba aquel tan jocoso como infamante episodio de su multitudinaria castración ocurrida años atrás. Por supuesto que la brutal anécdota, rememorada hasta la saciedad entre crueles risotadas, era bien conocida, pero no parecía afectar a la credibilidad política del vociferante emasculado.
El Atento Servidor había advertido repetidamente a su rey de la magnitud del peligro al que se enfrentaban. Según él, un ciudadano de semejante talla y con tan execrables opiniones, bien podía prender la mecha de la revolución y aplastarles a ambos como simples hormiguillas en el encerado.
Aunque Apolodoro era muy consciente de que no le faltaba razón a su agorero asistente, se resistía a tomar las drásticas medidas a las que éste le instaba continuamente, y quitándole importancia a aquellas supuestas declaraciones inoportunas, defendía al elocuente gastrónomo y ensalzaba sus cualidades profesionales.
El Exquisito Gourmet, aunque bien pudiera constituir un adversario nada desdeñable en caso de oposición a su autoridad, también era un profesional culinario de alta competencia, del que bajo ningún modo quería prescindir. Sobre todo en esta etapa postrera de su vida, en la que el sexo comenzaba a ocupar un lugar netamente secundario, en beneficio de la esmerada gastronomía, que se rebelaba como el verdadero placer de la edad tardía.
Por ello, tras rogar paciencia a su temeroso chambelán, tomó una determinación, sino ingeniosa, al menos sí muy novedosa e inesperada. Decidió tratar de solventar tan delicado asunto aplicando unos métodos que antaño, en épocas más juveniles de su reinado, ni se le hubieran pasado por la cabeza. Le constaba que su supuesto opositor era un hombre razonable, y de carácter más bien dialogante y conformista. Basándose en la cercanía y amistad que se dispensaban, decidió que bien podía tratar de convencerle informalmente. Atraerle con simpatía y consideración. Halagarle un poco mientras le hacía ver que él era el único individuo capacitado para regentar el arduo gobierno de una compleja urbe como Kinsaba.
Aquel mismo día, en un tono amable y despreocupado, le insistió para que compartiera su mesa. Para vencer posibles reticencias le confesó que tras tantos años de convivencia, le resultaba extraño que nunca hubieran comido juntos. ¿Es raro verdad?; le dijo. Este inocente comentario propició que mordiera el anzuelo y aceptase de buen grado la inesperada invitación.
La velada transcurrió en un ambiente cordial y agradable, aunque alguna tensión se mascaba en el ambiente, y eso que Apolodoro se esforzó a conciencia en amenizar el banquete con diversas anécdotas. Y hasta fingía ofenderse cuando era tuteado por su interlocutor. Al servir los postres, intuyendo que había llegado el momento más propicio, decidió coger el toro por los cuernos, y dejándose de rodeos sacó el tema a relucir.
Apolodoro
Me dicen que albergas algunas desavenencias respecto a la digamos… administración de nuestra bella ciudad.
Exquisito Gourmet
¿Yo? De ninguna manera. Nunca, oh Apolodoro, he criticado tú gestión. Muy al contrario, se nota que eres un mandatario de gran valía. Además, a lo largo de estos años, has sabido solventar toda clase dificultades que se cernían sobre tu pueblo, saliendo victorioso y fortificado de cuantas pruebas te ha sometido la vida. Ni siquiera te culpo de la crisis económica que parece asolarnos, pues pienso que se debe a motivos más estructurales que directivos.
Apolodoro
Entonces, mi adorado gastrónomo; ¿por qué pones en entredicho mi autoridad?
Exquisito Gourmet
¿Cómo? ¿En serio me crees capaz de semejante cosa? Tienes que saber, oh Apolodoro, que no sólo eres mi rey, al que debo lealtad y sumisión de por vida, sino también, y perdona el atrevimiento, te tengo como a un verdadero padre. Has sabido acogerme en este palacio, tu casa, y haces un aprecio sin igual de mis habilidades culinarias. ¿Qué más podría pedir?
Apolodoro
Eso digo yo también, mi Exquisito Gourmet. Yo te veo como a ese hijo que nunca he tenido, y si aprecio tu trabajo es porque lo mereces. Tú talento en los fogones es insuperable y lo demuestras día a día, por ello, mi buen amigo, te considero un ciudadano insustituible, y aún me quedo corto. Pero me ha entristecido mucho saber que te postulas públicamente a favor de cierto cambio de rumbo.
Exquisito Gourmet
¿A qué te refieres? Cada vez entiendo menos tus alusiones.
Apolodoro
¿Es que vas a obligarme a pronunciar esa fatídica palabra?
Exquisito Gourmet
¿Cuál?
Apolodoro
¡Democracia!
Exquisito Gourmet
Pero la democracia, mi rey, en nada representa una amenaza a tu reinado.
Apolodoro
¿Ah no? ¿Y cómo es eso?
Exquisito Gourmet
Evidentemente, oh Apolodoro, tú siempre serás el rey de Kinsaba.
Apolodoro
Me alegra que lo reconozcas.
Exquisito Gourmet
Faltaría más.
Apolodoro
No obstante, no comprendo cómo se podría compatibilizar la democracia con mis atribuciones reales.
Exquisito Gourmet
Bueno, sólo afectaría a algunas de tus potestades legislativas. Nada más. Al fin y al cabo, es tu chambelán quien propone en gran medida cómo actuar en cada situación. ¿No es así?
Apolodoro
Generalmente así es.
Exquisito Gourmet
Pues se trata de una simple cuestión de alternancia.
Apolodoro
Alternancia dices…
Exquisito Gourmet
Claro. Democráticamente los ciudadanos señalarían a la persona adecuada para desempeñar tales tareas de dirección.
Apolodoro
Entiendo. ¿Y mi chambelán?
Exquisito Gourmet
Lo elegiría el pueblo. ¿No te parece lo más razonable?
Apolodoro
Lo que me parece razonable es que nos administre quien está verdaderamente preparado para ello. Ha ser posible el mejor. ¿No crees?
Exquisito Gourmet
Estoy muy de acuerdo. ¿Pero cómo sabremos quién es esa persona tan capaz?
Apolodoro
En mi caso, como bien sabes, fui proclamado rey por mandato divino y, por lo tanto, mi autoridad es incuestionable. ¿Has visto el calcetín verdad? Ésa es mi prueba. Si se me ha concedido tal responsabilidad, que nunca solicité, es porque ostento el preciado don para desempeñarla.
Exquisito Gourmet
Y lo haces magníficamente, por cierto. Pero a tu chambelán lo designaste a dedo. ¿Por qué no hacemos una votación popular para decidir por consenso a la persona más apta para afrontar dicho cargo?
Apolodoro
¿Por voto dices?
Exquisito Gourmet
Por supuesto. Es lo más inteligente y justo.
Apolodoro
¿Eso piensas?
Exquisito Gourmet
Yo diría que sí.
Apolodoro
¿Es que acaso cuando tú estás enfermo convocas un referéndum entre tus sabiondos vecinos para obtener el diagnóstico pertinente al mal que te aflige por veredicto de la mayoría general?
Exquisito Gourmet
No; claro que no.
Apolodoro
Eso digo yo. Ni se te ocurriría tal disparate. No escucharías ni a tu vecino de arriba, caravistero de profesión, ni al de abajo, estilista o panadero; acudirías directamente al Venerable Médico, porque sabes bien que él, y sólo él, es la persona idónea para solucionarte un problema de índole sanitario.
Exquisito Gourmet
Sí; si viviera le consultaría.
Apolodoro
Disculpa, se me olvidó que ya no está entre nosotros. Dónde tendré la cabeza… Qué raro; últimamente se me olvida todo.
Exquisito Gourmet
No importa. Será por el calor este que hace.
Apolodoro
Sí. Eso será. Pero sigamos. Dime: ¿Por qué iba a ser la persona más válida para ejercer las funciones de gobierno quien nombren los demás basándose en reflexiones particulares y generalmente superfluas? ¿Por qué motivo? ¿Qué se sabrán ellos? ¿En base a qué se iban a pronunciar?
Exquisito Gourmet
Pues obrarían libremente, atendiendo a sus convicciones, juicio, inteligencia…
Apolodoro
Apañados estamos entonces si hemos de someternos al criterio del vulgo. Además; aunque así fuera; ¿cómo podrían ser sus votos iguales? ¿Cómo puedes brindarle la misma capacidad electiva a un analfabeto que a mi querido chambelán? ¿A un jovenzuelo alocado e infantil que a un caballero maduro y sensato? ¿A un hombre de estado, debidamente informado de las alternativas, que a un hortelano que ni siquiera conozca a los contendientes?
Exquisito Gourmet
Claro, claro…
Apolodoro
Imagina por un momento a una sociedad en la cual la mayoría de sus miembros son ancianos seniles. No pretendo menospreciar a estos ancianitos, pero convendrás conmigo en que ellos y sólo ellos serían quienes iban a colocar al gobernante idóneo.
Exquisito Gourmet
Sin duda alguna.
Apolodoro
¿Quién piensas que sería el afortunado en unas hipotéticas elecciones?
Exquisito Gourmet
Evidentemente, sería uno de ellos quien se viera favorecido por el apoyo mayoritario.
Apolodoro
Y con toda probabilidad el más parlanchín, o atractivo físicamente, o simpático. ¿No?
Exquisito Gourmet
Acostumbra a suceder así. No puedo negarlo. El más seductor suele llevarse el gato al agua.
Apolodoro
¿Y en una sociedad de tuertos? Harían lo propio; ¿no crees?
Exquisito Gourmet
Parece lo más lógico.
Apolodoro
Claro que es lógico. En Tuertilandia buscarían como líder al tuerto más locuaz, el cual se apresuraría a promulgar leyes que prohibieran a los ciudadanos la posesión en sus faces de más de un globo ocular. Pensando sólo en proteger los intereses de la mayoría tuerta predominante, naturalmente. Y bien que harían.
Exquisito Gourmet
Empiezo a comprender a donde quieres ir a parar.
Apolodoro
Para mí un gobernante es como un padre. Como tu propio padre, que no puedes elegirlo y que seguramente no es el mejor ni el peor, tan sólo es el que te ha tocado en suerte. Y aunque fuera el mejor progenitor del mundo; tampoco sería perfecto.
Exquisito Gourmet
Obviamente; pero no buscamos la perfección.
Apolodoro
Menos mal. Porque si permites elegir a los ciudadanos; su elección será invariablemente mediocre por la simple razón de que la mayoría de ellos son también mediocres.
Exquisito Gourmet
Estoy de acuerdo. Es triste pero muy cierto. Lo curioso es que se supone que la democracia no es la solución mejor, pero sí la menos mala. Eso creía hasta hoy.
Apolodoro
¿Y ahora qué piensas?
Exquisito Gourmet
Pues me resulta evidente que la elección siempre será de poca talla, porque, inevitablemente, el grueso de la población sólo podrá sentirse representada por un individuo afín a su vulgaridad.
Apolodoro
Es lo que te decía. La democracia en el fondo lo único que hace es claudicar con elegancia ante la ley del más fuerte. Otorgar limpiamente la razón a la mayoría en virtud de su simple preponderancia numérica.
Exquisito Gourmet
¡Qué gran verdad!
Apolodoro
Es sólo mi humilde opinión.
Exquisito Gourmet
A partir de ahora, oh Apolodoro, te respeto más que nunca y me retracto de mis anteriores ideas. ¡Qué equivocado estaba!
En tus juicios se nota claramente que eres el apropiado para regir los destinos de todos nosotros. Cualquier decisión que tomes será la correcta y todos debemos asumirla sin rechistar.
Apolodoro
¡Qué
feliz me haces con tus muestras de cordura! Ven a mis brazos y celebremos
juntos este momento mi querido cocinero. A partir de hoy estaremos más juntos
que nunca y afrontaremos el destino de Kinsaba apoyándonos como padre e hijo se
apoyarían.